EPIFANÍA

"Inclinaré al proverbio mi oído" (Is 49, 4)

Sirvan mis primeras letras, al abrir esta hoja informativa, para agradecer a todas las personas, Hermandades y grupos de nuestra Parroquia de Santa María Magdalena la entrañable y cariñosa acogida que me han prodigado a mi llegada a Dos Hermanas, cuando a finales de Septiembre tomaba posesión de ésta. Y precisamente de acogida se trata en este tiempo que vamos a vivir, como cristianos que celebramos con un verdadero sentido, las fiestas de Navidad. Acogemos a Dios que se hace pobre, pequeño y menesteroso de los hombres. Él, que es Omnipotente, se hace tan desvalido, para mostrarnos que su "Gran Poder" reside únicamente en la fuerza de su Amor. Acoger por tanto a Quien viene a nosotros para traernos en la debilidad la fuerza que supera todo mal, la alegría que vence toda desesperanza, la cercanía que destruye toda frialdad, el verdadero fuego que anima la vida, el Amor que vence todo desamor. Acoger a Jesucristo que asume nuestra débil naturaleza para compartir la debilidad humana, para enseñarnos a vivir como hijos del Padre Dios, para invitarnos a seguir sus huellas dejando el orgullo, la soberbia o la ambición excluidos de nuestra vida. Acoger a Jesucristo que viene a llamar suavemente a la puerta de nuestro corazón buscando refugio y cobijo, sin pretender lujos y deseando sólo un rinconcito, pobre y humilde pero bien dispuesto. Acoger a Jesucristo que espera nuestra respuesta alegre y decidida como encontró en aquellos pastores que recibieron la feliz noticia de su nacimiento y pronto acudieron a adorarlo. Igual que ellos también nosotros hemos recibido una buena noticia y debemos salir a encontrarnos con Él que viene en tantos lugares y hermanos. Acoger a Jesucristo como aquellos animales, que según cuenta la tradición, estaban en el portal y con su aliento calentaron a Jesús recién nacido. Y es que es tanto el calor que este mundo frío necesita que no podemos permanecer indiferentes, ni metidos en nuestra estufa mientras otros se congelan, y lo de menos son los grados centígrados, sabemos que hay un frío peor que el climático. Acoger a Jesucristo que toca nuestro suelo, sin querer pretender evadirse de la realidad en un misticismo abstracto que poco tiene que ver con el cristianismo. Con los pies en el suelo y el corazón apuntando al cielo, sin evadir responsabilidades y asumiendo compromisos que transformen la realidad inhóspita de este mundo para hacer de él lo más parecido a un hogar donde todos tengan un sitio igual. Acoger a Jesucristo porque Él nos acoge a todos y nos envía a llevar, a cualquier rincón, la buena noticia y la alegría del Evangelio, confiando no en nuestras pequeñas fuerzas sino en el poder de su amor. Que Santa María Virgen nos traspase el corazón, con su amor dócil, para saber acoger, vivir y festejar estos días que se avecinan. Para celebrar con verdadera profundidad espiritual el misterio del Nacimiento del Hijo de Dios. 

Manuel Sánchez de Heredia, Pbro. Párroco de la de Santa María Magdalena 

Director Espiritual de la Hermandad